Los resultados del informe PISA 2025 han vuelto a analizar la educación entre los países pertenecientes a la OCDE y entre ellos la española. Esta lectura de resultados obliga a detenerse y reflexionar. España obtiene sus peores resultados históricos en las tres competencias evaluadas: 451 puntos en Lectura, 457 en Matemáticas y 477 en Ciencias, situándose por debajo de las medias de la OCDE y de la Unión Europea. Además, entre 2022 y 2025 nuestro país ha perdido 23 puntos en Lectura, 16 en Matemáticas y 8 en Ciencias.
PISA no pretende medir únicamente cuánto saben los alumnos, sino qué son capaces de hacer con aquello que saben: comprender un texto, interpretar información, resolver un problema nuevo, analizar datos, formular hipótesis o aplicar conocimientos a situaciones de la vida real. Precisamente por eso sus resultados deben ser entendidos como una llamada de atención sobre nuestro sistema educativo, pero también sobre la sociedad en la que crecen nuestros jóvenes.
Más que buscar culpables, resulta necesario preguntarnos qué está ocurriendo y qué podemos hacer para cambiar esta tendencia. A partir de los datos de PISA y de las reflexiones de distintos especialistas, podemos extraer al menos cinco conclusiones.
1. El problema no es solamente lo que los alumnos saben, sino su capacidad para comprender, pensar y aplicar lo aprendido
Uno de los datos más preocupantes aparece en la competencia lectora. Solo alrededor del 2 % del alumnado español alcanza el nivel más alto de lectura, aquel que permite comprender textos extensos y complejos, interpretar conceptos abstractos y distinguir entre hechos y opiniones a partir de información implícita.
La dificultad lectora tiene además un efecto transversal. Un alumno que no comprende adecuadamente el enunciado de un problema tendrá dificultades para resolverlo aunque conozca las operaciones matemáticas necesarias. Del mismo modo, interpretar una gráfica científica, analizar una fuente histórica o comprender un texto argumentativo exige una competencia lectora sólida.
Por eso, quizá una de las principales conclusiones de PISA sea que la comprensión lectora no puede ser responsabilidad exclusiva de la asignatura de Lengua. No se trata simplemente de leer más, sino de leer mejor: comprender, relacionar, interpretar, argumentar, hacerse preguntas y mantener la atención ante un texto que exige esfuerzo.
2. Las actitudes del alumnado también importan: motivación, perseverancia y esfuerzo son parte del aprendizaje
Los resultados de PISA no pueden analizarse únicamente desde los conocimientos académicos. El propio estudio recoge información sobre las actitudes, experiencias y percepciones de los estudiantes.
Y aquí encontramos una realidad interesante. El alumnado español presenta niveles de perseverancia ante el aprendizaje superiores a la media de la OCDE, al mismo tiempo que manifiesta un buen sentimiento de pertenencia a la escuela y una valoración positiva del apoyo que recibe de sus profesores.
Sin embargo, sí parece necesario recuperar el valor del esfuerzo sostenido, la concentración y la tolerancia a la frustración ante las dificultades.
Aprender exige equivocarse, repetir, leer algo que inicialmente no se entiende, resolver un problema que no sale a la primera y mantener la atención durante un tiempo prolongado. En un contexto social dominado por la inmediatez, las respuestas rápidas y el entretenimiento permanente, estas capacidades necesitan ser educadas deliberadamente.
3. El entorno familiar y sociocultural sigue teniendo un peso enorme
Una de las aportaciones más interesantes del análisis realizado por algunos expertos es recordar que el contexto social, económico y cultural de los alumnos influye de manera significativa en sus resultados. Según una lectura profunda de los datos, aproximadamente un 60 % de las diferencias en rendimiento académico se relaciona con el efecto de las familias, mientras que existe otro 40 % vinculado a factores como los centros educativos y la organización del sistema.
Este análisis demuestra que la escuela no puede solucionar por sí sola todas las desigualdades educativas. Un alumno que crece en un entorno en el que se conversa, se lee, se tiene acceso a libros, se valoran los estudios y existen rutinas de trabajo parte de una situación diferente.También muestra que las familias que apoyan más el proceso de aprendizaje estando más presentes y colaborando más con la escuela, son aquellas en los que sus hijos obtienen mejores resultados.
La conclusión es clara: la educación es una responsabilidad compartida entre familia, escuela y sociedad. No podemos pedir al colegio que sustituya a la familia, ni tampoco podemos pensar que las circunstancias familiares determinan inevitablemente el futuro académico de un alumno.
4. La revolución digital ha cambiado la manera de aprender y todavía no hemos aprendido a gestionarla
PISA 2025 llega en un momento en el que nuestros alumnos han crecido rodeados de móviles, redes sociales, videojuegos, vídeos breves, buscadores e inteligencia artificial.
La cuestión no es demonizar la tecnología. De hecho, PISA 2025 incorpora precisamente el aprendizaje en un mundo digital y reconoce la importancia de que los jóvenes desarrollen competencias para desenvolverse en él.
El problema aparece cuando la tecnología deja de ser una herramienta y se convierte en el entorno permanente de aprendizaje, ocio y relación.
Los análisis de la OCDE y de distintos especialistas apuntan a que el uso intensivo y poco regulado de dispositivos puede relacionarse con una mayor distracción y con dificultades para mantener la atención. En España, además, el alumnado dedica más tiempo a las pantallas para el ocio que para aprender, y en Ciencias un mayor uso de pantallas con fines recreativos aparece asociado a un menor rendimiento.
La respuesta educativa no debería ser simplemente volver atrás. Necesitamos enseñar a nuestros alumnos a utilizar la tecnología sin permitir que la tecnología les utilice a ellos.
Esto implica recuperar espacios para la lectura profunda, la conversación, la escritura, el cálculo, la memoria, la experimentación y el razonamiento, al mismo tiempo que enseñamos competencias digitales, pensamiento crítico y un uso responsable de la inteligencia artificial.
5. Las leyes educativas importan, pero no explican por sí solas los resultados: necesitamos estabilidad y evaluación
Los últimos años han estado marcados en España por una sucesión de reformas educativas. La LOMLOE introdujo un modelo claramente orientado al desarrollo competencial, con cambios importantes en el currículo, la evaluación, la promoción y la organización de los aprendizajes.
PISA, paradójicamente, también evalúa precisamente competencias: la capacidad de utilizar conocimientos para resolver situaciones nuevas. Pero tampoco sería razonable ignorar el debate.
Los resultados obligan a preguntarnos si en los últimos años hemos conseguido encontrar un equilibrio adecuado entre competencias y conocimientos, innovación y exigencia, inclusión y personalización, autonomía y esfuerzo.
Una educación competencial no puede significar una educación sin conocimientos. Para comprender, analizar, crear o resolver problemas necesitamos disponer de conocimientos sólidos sobre los que construir.
Y aquí aparece una enseñanza especialmente interesante de PISA: los países que obtienen mejores resultados no se limitan a transmitir contenidos ni tampoco renuncian a ellos. Trabajan de manera sistemática con problemas, información compleja, datos, razonamiento, creatividad y autonomía, pero sobre una base sólida de conocimientos.
Por eso, más que otra nueva reforma legislativa, quizá España necesite algo que hasta ahora ha sido mucho más difícil de conseguir: estabilidad, evaluación rigurosa y capacidad para mantener durante años aquellas políticas educativas que demuestren que funcionan.
PISA no debe ser un dato final, sino un punto de partida para crecer
Los resultados de PISA 2025 son preocupantes y sería un error minimizar su importancia. Pero también sería un error utilizarlos para construir un relato simplista sobre nuestros jóvenes. Nuestros alumnos no son una generación sin capacidades. Presentan fortalezas importantes: buen sentimiento de pertenencia, una percepción positiva del apoyo de sus profesores, niveles de perseverancia superiores a la media de la OCDE y, en otros estudios internacionales, buenos resultados en determinadas competencias creativas y digitales. Lo que PISA nos está diciendo es que hay capacidades fundamentales que debemos recuperar y fortalecer.
Necesitamos alumnos que sepan leer textos complejos, escribir con claridad, razonar matemáticamente, comprender la ciencia, argumentar, concentrarse, perseverar y enfrentarse a problemas que no tienen una respuesta inmediata.
Y necesitamos también familias implicadas, profesores respaldados y reconocidos, centros con capacidad para detectar las dificultades a tiempo y políticas educativas estables que permitan evaluar qué funciona y qué no.
Quizá la principal lección de PISA 2025 no sea que nuestros alumnos han aprendido menos, sino que como sociedad tenemos que preguntarnos qué queremos que sepan, qué capacidades queremos que desarrollen y qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo.



